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SAN MIGUEL DE ALLENDE.- San Miguel de Allende está por despedir otro de esos lugares que parecían eternos. No es de los que llevan a los premios, ni presumen en las revistas, no vendían lujo, ni engañaban con platillos diminutos haciéndote creer que son gourmet,
No era ni una cadena internacional, es uno de esos negocios que crecieron junto con la ciudad y que fueron parte de la vida cotidiana de miles de sanmiguelenses.
Café de la Parroquia anunció que el próximo 19 de julio abrirá sus puertas por última vez, poniendo fin a una historia de 37 años que comenzó en 1989 y que dejó incontables recuerdos alrededor de una taza de café.
En un emotivo mensaje dirigido a sus clientes, la familia del restaurante agradeció haber formado parte de cumpleaños, aniversarios, primeras citas, desayunos familiares, reuniones de amigos y largas pláticas que, durante casi cuatro décadas, encontraron un lugar en sus mesas.
Y es que para muchos, Café de la Parroquia era mucho más que un restaurante.

Era el sitio donde comenzaban los domingos con un buen desayuno, donde el café de olla llegaba humeante a la mesa, donde los tamalitos bañados en salsa se convirtieron en tradición, donde las enchiladas tenían ese sabor que solo da el paso de los años y donde una comida terminaba convirtiéndose en una conversación de horas.
Ahí se cerraban negocios, se celebraban cumpleaños, se daban noticias importantes y, para quienes regresaban a San Miguel después de mucho tiempo, casi era una parada obligada.
Hoy, la ciudad pierde otro de esos comercios con historia, de los que fueron construyendo la identidad del San Miguel que muchos recuerdan con cariño.
Pero todavía hay tiempo para despedirse.
La familia de Café de la Parroquia hizo una invitación abierta para que, durante la semana que comienza, quienes alguna vez compartieron una mesa con ellos vuelvan una última vez. Quieren despedirse en persona, servir un último desayuno, compartir una taza de café y agradecer el cariño que los mantuvo de pie durante 37 años.
Porque hay negocios que cierran… y hay lugares que dejan un hueco en la memoria de toda una ciudad.
El próximo 19 de julio, cuando baje la cortina por última vez, no solo cerrará un restaurante; terminará un capítulo de la historia cotidiana de San Miguel de Allende, escrito entre el aroma del café de olla, los desayunos de domingo y miles de conversaciones que hoy viven únicamente en el recuerdo.
La calle de Jesús no será lo mismo sin ellos… era lo último que los gobiernos habían permitido sobrevivir solo para los sanmiguelenses.
