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SAN MIGUEL DE ALLENDE.- San Miguel de Allende perdió este día a uno de esos hombres que no solo fueron testigos del paso del tiempo, sino que dedicaron su vida a conservar los recuerdos de una ciudad que cambió sin perder su esencia.
Don Agustín Valadez Zúñiga falleció a los 90 años, dejando tras de sí un legado invaluable de historias, anécdotas y memorias que permitieron a generaciones enteras conocer el San Miguel de ayer: aquel de calles tranquilas, portales llenos de vida, serenatas, comerciantes de siempre, personajes entrañables y costumbres que hoy forman parte de la identidad de esta ciudad.
FOTOS: Luis Felipe Rodríguez Palacios
Su amor por San Miguel quedó plasmado en innumerables relatos donde recordaba con nostalgia el Jardín Principal, los antiguos negocios, los primeros taxis, las tradicionales fiestas, las danzas, los personajes populares y la vida cotidiana de un pueblo donde todos se conocían. Su memoria fue un puente entre las generaciones, permitiendo que el pasado siguiera vivo en el presente.
Hoy no solo se despide a un hombre; se despide a una parte de la memoria viva de San Miguel de Allende.
Su nieto Agustín lo resumió con palabras que conmueven profundamente:
“Hoy me toca despedir a mi abuelo Agustín, quien vivió 90 años de una vida plena, llena de logros y felicidad. Aunque me duele su partida, celebro el legado y los años que compartió con nosotros. Gracias por ser un abuelo que me quiso tanto, que siempre tenía una anécdota que compartirme. Gracias por tanto, abuelo.”
Quienes tuvieron el privilegio de conocer a don Agustín saben que siempre había una historia por contar, una fotografía por explicar o un recuerdo que compartir. En cada conversación revivía un San Miguel que muchos no alcanzaron a conocer, pero que gracias a él jamás será olvidado.
Hoy las campanas parecen sonar distinto. San Miguel despide a uno de sus cronistas de corazón, a un hombre que hizo de la memoria un acto de amor por su tierra.
Descanse en paz, don Agustín Valadez Zúñiga.
Gracias por enseñarnos que un pueblo permanece vivo mientras alguien siga contando su historia.
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