Se fue Don Ángel: murió buscando Justicia mientras los verdugos de Leo Reyes viven de lujo

REDACCIÓN | NEWS

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SAN MIGUEL DE ALLENDE.-  Se nos fue Don Ángel Reyes Morín, y se fue con el corazón pesado.

Murió sin ver la justicia que persiguió por años, esa que le arrebataron cuando las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado (FSPE), a cargo de Álvar Cabeza de Vaca, el peor Secretario de Seguridad que ha tenido Guanajuato y quien siempre los encubrió, le quitaron la vida a su hijo. Don Ángel no pedía milagros, solo quería que los “azules” que dispararon pagaran, pero se topó con una pared de cemento llamada impunidad.

¿Y quién era el arquitecto de esa pared? Nada más y nada menos que Álvar Cabeza de Vaca, el entonces Secretario de Seguridad de Guanajuato que, durante todo su mando, se dedicó a ponerle alfombra roja y protección total a los elementos que apretaron el gatillo. Bajo su protección, los asesinos del hijo de Don Ángel nunca pisaron la sombra; al contrario, fueron cuidados desde lo más alto del poder.

De “Súper Policía” a vendedor de regalitos y asesor de lujo

Hoy, la realidad nos escupe en la cara. Mientras Don Ángel ya descansa sin haber recibido justicia, Álvar Cabeza de Vaca se pasea muy quitado de la pena por las calles empedradas de San Miguel de Allende. Dicen que ahora él y su esposa se la pasan vendiendo regalos, jugando a la vida tranquila. Pero el negocio fuerte, el que deja “la lana” de verdad, está por debajo del agua.

Las malas lenguas —y los datos que no mienten— cuentan que a través de una empresa “fantasma” que no aparece a su nombre, el Gobierno de San Miguel de Allende le sigue llenando los bolsillos. Su “brother”, el alcalde Mauricio Trejo Pureco, ese que siempre presumió ser su gran amigo, lo tiene contratado dizque para dar “asesorías” en seguridad. ¡Vaya descaro!

La “herencia” de sangre en San Miguel

Y fíjense qué curioso: desde que Trejo llegó al trono local y trajo a sus “asesores”, la paz en el terruño se fue al caño. Los delitos se han ido al doble; San Miguel pasó de ser el “Corazón de México” a ser escenario de matanzas, masacres y ataques directos hasta en las fiestas patronales. Parece que con la llegada de estos personajes, también le abrieron la puerta de par en par al crimen organizado.

Don Ángel murió esperando que la ley hiciera su chamba. Se fue un hombre valiente, un padre que no se dobló. Mientras tanto, los que protegieron asesinos y hoy cobran por una seguridad que no existe, siguen dándose la gran vida con el dinero del pueblo.

¡Justicia que no llega, no es justicia! Descanse en paz, Don Ángel.

 

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