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Familiares denuncian omisiones, abandono y silencios incómodos del Poder Judicial de Guanajuato
SAN MIGUEL DE ALLENDE/ SAN LUIS DE LA PAZ.- En la casa de la familia Luna ya no hay silencio. Hay dolor, pero también coraje. Coraje del que nace cuando entiendes que lo que le pasó a tu hermana no fue inevitable. Que no fue “mala suerte”. Que no fue solo un asalto.
Que a María Antonieta Luna, mediadora del Poder Judicial del Estado de Guanajuato, la dejaron sola desde mucho antes del ataque que le costó la vida.
Sus amigos y su hermana lo repiten con un nudo en la garganta: Antonieta no murió ese día en la carretera. La fueron matando poquito a poco entre omisiones, cargas laborales brutales, discriminación y un sistema que la mandaba a la calle como si fuera prescindible.
Y el golpe más duro llega cuando la familia lo dice con todas sus letras: “Ella pudo haberse salvado.”
Una atención tardía… y un intento de silencio
La familia asegura que la mediadora no recibió atención médica a tiempo, aun cuando esos primeros minutos pudieron cambiarlo todo. Nadie se hace responsable. Nadie explica. Nadie da la cara.
Pero lo que sí llegó rápido -rapidísimo- fueron las llamadas de arriba. No para preguntar cómo estaba Antonieta. No para apoyar a la familia. No para acompañar el duelo. Llegaron para callar.
“Su jefa Eugenia nos habló para decir que no dijéramos nada”, relata su hermana Vanessa Luna Bautista.
Nada de hablar.Nada de señalar. Nada de incomodar. Nada de “meterse en problemas”. Y ya sin miedo, lo dijeron todo
.Acusan a su jefa directa, María Eugenia Pacheco, subdirectora en el Poder Judicial de Guanajuato con sede en San Miguel de Allende y acusan sus omisiones.
La mujer que cargaba el trabajo de todos… porque era soltera
Quienes la conocieron coinciden en lo mismo: Antonieta era la que más trabajaba. La que más se preparaba. La que sí creía en el servicio público. Y por lo mismo… la que más explotaban.
Dentro del Poder Judicial, cuentan, la discriminación era parte del paisaje: “Como era soltera, sin hijos, la mandaban a todo”. A todo. A cualquier hora. A cualquier lugar.
Mientras en oficinas con clima y sillas ergonómicas los jefes revisan papeles y firmas, en la calle Antonieta resolvía conflictos, desplazamientos y problemas de personas que necesitaban mediación urgente.
Nunca se quejó. Pero todos veían cómo la estaban consumiendo.
La familia reveló que días antes de su muerte, pretendían enviarla a carretera en un vehículo oficial viejo, inseguro y sin mantenimiento, un carro “para llorar”, así le llamaban.
Antonieta no se subió. Sabía que era un riesgo real terminar en una zanja o sin frenos. Por eso usó su propia camioneta: una Honda blanca que había comprado con su trabajo hacía apenas ocho meses.
Y fue esa misma camioneta la que quedó a un lado del camino, convertida en prueba silenciosa de su muerte. Una unidad que, hasta el día de hoy, la Fiscalía no permite que su familia vea.
El presidente del Poder Judicial habla… pero dice muy poco
Héctor Tinajero, presidente del Poder Judicial del Estado de Guanajuato, condenó la muerte de Antonieta y después se guardó todo comentario tras un “que la Fiscalía haga su trabajo”. Pero antes dejó claro algo que duele más: Que los actuarios sí tienen botón de pánico en sus autos, conectados al C4 y C5, y celulares con GPS. Pero Antonieta no tenía nada de eso “porque no era actuaria”.
Aún así, era a ella a quien mandaban sola a San Luis de la Paz. A ella. Siempre a ella. Cuando se le cuestionó por qué, Héctor Tinajero dijo que “cada una de las diez sedes del Sistema de Justicia Alternativa se organiza como puede”.
Como puede.Como Dios le dé a entender.
También reconoció que ahora tendrán que revisar los protocolos porque hay más de 400 actuarios, 80 mediadores y 79 jueces moviéndose por todo Guanajuato. Pero esa revisión llega tarde. Muy tarde.
“Antonieta se pudo haber salvado”
La familia lo dice con lágrimas y con rabia. Sus compañeros lo dicen con tristeza y frustración. Sus amigos lo dicen en voz alta para que nadie lo vuelva a olvidar. Entre la violencia del asalto, la falta de atención médica, la precariedad laboral, los silencios desde arriba, la ausencia de protocolos y el abandono institucional…
A María Antonieta Luna la dejaron morir, pues la Guardia Nacional, con un destacamento en la zona, la abordan a una patrulla, la llevan a un Materno Infantil de San Luis de la Paz, luego no la recibieron los médicos del lugar y les pidieron llevarla a San José Iturbide, a otro municipio. Se perdieron horas en ese traslado, dice su hermana que perdió más 3 litros de sangre cuando el cuerpo humano tiene 5. Más de la mitad de su vida ya se había ido entre la negligencia y falta de atención.
Y mientras su familia la despide, alzan la voz que intentaron apagarles. Y no se quiebra. Y no tiembla. “Justicia para Antonieta. Justicia para quienes sí trabajan. Justicia para las víctimas de este sistema roto.” Y no pide permiso.
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CONTEXTO: María Antonieta fue asesinada el pasado. 20 de noviembre del 2025.
LA NOTA: Asesinan a mediadora del sistema de justicia alternativa en San Miguel de Allende
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