Inicia el juicio por Aldo y Aidé: los niños de San Miguel de Allende que solo querían abrir una barbería

REDACCIÓN | NEWS

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SAN MIGUEL DE ALLENDE.- Después de casi diez meses de espera, este lunes próximo inicia el Juicio Oral por el asesinato de los hermanos Aldo y Aidé González Garay, el caso que partió en dos a San Miguel de Allende y que todavía duele en la memoria colectiva de Guanajuato.

Los dos menores fueron asesinados el 25 de enero de 2024, apenas un día antes de inaugurar su pequeño local de barbería. Su historia se volvió símbolo del absurdo: dos adolescentes con sueños y talento que fueron víctimas de la violencia.

Los asesinos “se equivocaron” las balas que eran para otros las descargaron en ellos que solo arreglaban el lugar en el que emprenderían su sueño.

A Aldo, el mismo alcalde de San Miguel de Allende, el michoacano de origen, Mauricio Trejo Pureco, lo hizo pasar como delincuente, y hasta dijo que él había sido el culpable de su propia muerte y la de su hermanita.

No conforme con ello, Trejo Pureco y su gobierno infiltraron a una página auspiciada con personal y dinero público, las fotos de Aldo que había detenido por una falta administrativa, haciéndolo pasar como delincuente y justificar que el crimen organizado está en el municipio que él gobierna.

✂️ El sueño que nunca se inauguró

Aldo, de 16 años, y Aidé, de 11, no eran cualquier historia de nota roja. Eran hermanos trabajadores, unidos y con ilusiones grandes para su edad.

Aldo acababa de graduarse de la Academia de Belleza CID, donde aprendió barbería y estilismo. Aidé, la menor, le ayudaba en todo: barría, acomodaba productos, y hasta soñaba con aprender uñas y maquillaje para atender “a las clientas”.

Juntos rentaron un pequeño local en la comunidad Ejido de Tirado, al sur de San Miguel de Allende. Lo pintaron, lo limpiaron, pusieron un letrero, juntaron cada peso. El negocio se llamaría “Barber Shop Hermanos González”.

Pero el día previo a la apertura, su sueño se cruzó con la brutalidad.

De acuerdo con la investigación, un grupo armado llegó al lugar exigiendo el pago de “derecho de piso”. Ellos se negaron. Horas después, fueron asesinados dentro del local.

🕯️ El pueblo que lloró

El 29 de enero de 2024, San Miguel de Allende se detuvo.

Vecinos, amigos, familiares y decenas de personas que no los conocían pero se sintieron parte del dolor, los despidieron entre globos blancos, música y silencio.

“Eran niños buenos, chambeadores, sin pleitos con nadie”, se escuchaba decir a las afueras de la parroquia durante la misa.
Las calles se llenaron de pancartas con frases como “Ni uno más”, “Justicia para Aldo y Aidé” y “El miedo no nos va a callar”.

Esa marcha marcó un antes y un después: la violencia dejó de sentirse lejana, y muchos entendieron que la inseguridad no distingue edad ni sueños.

⚖️ Un juicio que pone a prueba al sistema

Hoy, por fin, el caso entra en su fase crucial: el Tribunal de Enjuiciamiento escuchará a testigos, peritos y familiares.
Las pruebas se desahogarán ante los jueces y el público podrá seguir el proceso. No solo se trata de una audiencia más, sino de una oportunidad para medir la capacidad y la voluntad real del sistema de justicia.

El proceso será también la primera gran prueba del nuevo Fiscal Regional, Azaev Labrada, quien asumió el cargo hace apenas unos días tras el desorden heredado por la era Carlos Zamarripa y su fiscal en la Región D, Aaron Edmundo Castro.

El reto es enorme: recuperar la confianza de una sociedad cansada de ver carpetas archivadas, juicios que se diluyen y culpables que nunca pagan.

El caso de Aldo y Aidé no solo es un crimen más; es un espejo que refleja la herida más profunda del país: la impunidad.

Durante meses, familiares denunciaron falta de atención, errores en la investigación y negligencia institucional.
Ahora, con la llegada del nuevo fiscal, la sociedad sanmiguelense observará si algo realmente cambió o si el juicio terminará siendo otro expediente empolvado.

🕊️ Memoria y exigencia

El asesinato de Aldo y Aidé mostró el rostro más crudo de la violencia cotidiana. No eran delincuentes, ni estaban “en malos pasos” como lo declaraba el alcalde Mauricio Trejo. Eran dos niños con ganas de salir adelante en una ciudad donde cada vez es más difícil hacerlo sin miedo.

Hoy su historia vuelve a las salas de audiencia.

Y mientras las pruebas se leen, los testigos hablan y las familias lloran otra vez, la ciudad entera espera una sola cosa: justicia real.

Porque Aldo y Aidé no alcanzaron a cortar el primer cabello de su barbería.

Pero sí lograron algo mucho más grande: despertar a un pueblo entero.Empieza el juicio por Aldo y Aidé: justicia en la mira de San Miguel de Allende.

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