En la Feria de San Miguel de Allende, Alcalde Trejo raspó la bota… y el pueblo le raspó el ego

REDACCIÓN | NEWS

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SAN MIGUELDE ALLENDE. A veces el karma no tarda ni lo que dura un set de Christian Nodal. La noche de ayer, en la feria de San Miguel de Allende, el alcalde Mauricio Trejo recibió una buena dosis de realidad —esa que ni con reflector, aplausos pagados ni discursos ensayados se disfraza— durante el concierto estelar de la Feria de San Miguel de Allende, donde quiso como siempre, aprovecharse del escenario para medir su popularidad, que esta vez, no está como quisiera.

Y solo bastaron 40 segundos para medirlo.

Fue encintes que el presidente municipal, el michoacano de nacimiento, Mauricio Trejo Pureco, visiblemente emocionado (o quizá sobrado), salió a un costado del escenario para saludar a “su gente”, al son del reflector que lo bañaba de luz como si fuera una revelación divina. Y con un tono triunfal soltó:

“Bienvenidos a su feria… dicen que en San Miguel no pasa nada, ¡pero pasa Christian Nodal! Échenle una porra para que vea cuánto lo queremos”.

Hasta ahí todo bien. El detalle fue que, justo cuando se dio la vuelta que el público respondió con un grito unánime, crudo y contundente:

“¡Culero, culero, culero!”

Fueron 12 segundos eternos. Quienes estaban con él dijeron que el alcalde, el michoacano Trejo,  ya detrás del escenario intentó mantener la sonrisa, como quien disimula el golpe… pero ya era tarde: el “raspado de bota” se convirtió en raspado de ego.

Y frente a miles de asistentes, el político que presume cercanía con el pueblo comprobó que ya ni la chaviza le compra el discurso.

El show antes del show

Antes de su incómodo momento estelar, Trejo había hecho su aparición entre la gente, donde los “buuuu” y los insultos lo escoltaron hasta su esquina de protagonismo. Entre la multitud se escuchaban palabras poco parlamentarias, recordándole que aquellos tiempos en que regalaba bolsas, shots y promesas de fiesta ya pasaron, y que ahora ni el mariachi le salva la reputación.

El mismo alcalde que hace dos años se daba baños de pueblo con cumbias  y abrazos de ocasión, esta vez se topó con un escenario distinto: el del hartazgo.

El mensaje quedó claro: la feria la podrá aprovechar para lucir su humanidad, gastar  el presupuesto del pueblo y en los permisos… pero el ánimo ya no.

Y así, entre luces, tequila y abucheos, San Miguel de Allende vivió una noche de espectáculo doble: arriba del escenario, Nodal cantando “Ya no somos ni seremos”; abajo, el pueblo gritándole al alcalde justo eso.

 

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