Nuevo Pantoja: tierra sin ley, donde el miedo manda y la autoridad brilla por su ausencia

Redacción

newssanmiguel@gmail.com

 

SAN MIGUEL DE ALLENDE.- En la colonia de Nuevo Pantoja ya no se vive, se sobrevive.

Vecinos aseguran que ahí manda el miedo, las amenazas y los golpes, mientras la autoridad… bien gracias.

Hace apenas tres días, un par de menores de edad -uno de ellos apenas un niño- fueron asaltados cuando salieron a la tienda. Iban tranquilos, como cualquiera, pero de pronto se les aparecieron tres sujetos por la espalda.

A punta de pistola le exigieron a uno de los chavos que entregara su celular y el dinero. Sin pensarlo, se los dio. Pero cuando quiso enfrentar al agresor, de una esquina salieron otros cinco. Lo rodearon y le advirtieron que si hacía cualquier “pendejada”, iban a matar a su familia.

Lo más grave es que un día antes, otro vecino fue brutalmente golpeado cuando regresaba de trabajar. Lo interceptaron, le quitaron su celular, el poco dinero que llevaba… y lo más grave de esto: ES QUE A TODOS LES ROBARON UNA PAZ QUE YA NO RECUPERARÁN.

Al hombre asaltado lo dejaron tirado, molido a golpes. Y claro, tampoco pasó nada.

Los habitantes están hartos. Dicen que a esos mismos tipos ya se les ha denunciado antes por machetear a vecinos -incluyendo a un padre y su hijo- tanto en Pantoja como en Alamedas. También se les relaciona con otras agresiones recientes, pero aunque todo mundo los ubica, nadie los toca.

Las denuncias no proceden, los policías no aparecen y el mensaje es claro: si hablas, te matan.

“Tenemos miedo. Esa familia tiene armas hechizas y todo mundo lo sabe. Nosotros hablamos por miedo, pero también por coraje. ¿Hasta cuándo nos van a dejar solos?”, dice una vecina, con la voz quebrada pero decidida a hablar.

En Nuevo Pantoja, la ley no entra, y la gente ya no sabe si va a regresar viva de la tienda. Mientras tanto, quienes deberían protegerlos, se hacen de la vista gorda… o voltean para otro lado, porque San Miguel de Allende podrá ser la ciudad más bonita para los restauranteros y el turismo, pero no para los sanmiguelenses que todos los días la padecen.

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