D: La historia de libertad, identidad y dignidad que está transformando el sistema penitenciario en Guanajuato

En medio de los muros de un centro penitenciario en Guanajuato, D encontró la libertad más profunda: la de ser él mismo. Su historia no solo es un testimonio de valentía personal, sino también un ejemplo de cómo la identidad y la dignidad pueden abrir caminos dentro de las instituciones más rígidas.

Redacción

newssanmiguel@gmail.com

San Miguel de Allende, Gto.- Desde su nacimiento, a D se le asignó el sexo femenino. Sin embargo, con el tiempo descubrió lo que siempre supo: su identidad de género es masculina.

Lo vivió en libertad y lo sostiene en reclusión, con la misma firmeza. “No importa en el lugar que estemos, no importan las rejas, no importa nada, importa estar, ser”, dice con serenidad.

Una historia de respeto, identidad y transformación

D cumple su sentencia dentro del Sistema Estatal Penitenciario de Guanajuato, donde ha encontrado un espacio para reafirmar su identidad y para dejar un precedente que abre posibilidades para futuras generaciones.

“Todavía no llega nadie igual que yo. Pero tal vez pronto llegue. O sea, no voy a ser el único”, reflexiona.

Durante su proceso penal, solicitó no ser trasladado al área varonil para proteger su seguridad. El tribunal escuchó su petición y permanece en el área femenil.

Nunca fue discriminado ni por el personal ni por sus compañeras. Ha convivido en un ambiente de respeto mutuo y afirma que su conducta siempre ha sido pacífica y colaborativa.

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Sin embargo, el camino no ha estado libre de obstáculos. D ha enfrentado complicaciones para continuar con su tratamiento hormonal, fundamental para su salud tras 15 años de terapia continua.

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A pesar de las dificultades, logró seguir con su medicación, siempre bajo su responsabilidad.

Cada día, desde su espacio de reclusión, agradece la oportunidad de vivir plenamente siendo quien es.

También se ha convertido en un pilar de su comunidad penitenciaria al coordinar un grupo de Alcohólicos Anónimos, ayudando a otras personas en su proceso de recuperación.

Una vida marcada por la transformación personal

Antes de su reclusión, D vivió momentos de profundo descontrol. Recuerda un accidente que pudo haber sido fatal, días antes de ser detenido.

Hoy ve ese momento como un punto de quiebre.

“Afortunadamente me detienen. Afortunadamente dejo de beber. Y comienzo a ser yo.”

Desde entonces, escucha, acompaña y comparte su aprendizaje con otras personas privadas de la libertad. “Es un lugar donde puedes aprender a valorar tu vida si tú quieres. Quien seas, no importa, puedes ser tú”, asegura.

Su paso por el sistema penitenciario ha provocado cambios institucionales importantes en Guanajuato.

Se han fortalecido las capacitaciones al personal penitenciario y de seguridad en temas de diversidad sexual, derechos humanos y trato digno.

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Este esfuerzo, liderado por la Secretaría de Seguridad y Paz, en coordinación con la Subsecretaría para la Atención a las Personas de la Diversidad Sexual y de Género, está transformando la forma en que las autoridades comprenden y atienden la diversidad dentro y fuera de los centros de reclusión.

El compromiso del Gobierno de la Gente: respeto y dignidad para todas las personas

Este trabajo se alinea con la visión de la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, quien ha reiterado que el respeto a los derechos humanos debe ser una realidad en todo Guanajuato.

Como establece el Decálogo del Gobierno de la Gente: “El mayor derecho es la dignidad humana.”

D lo resume con palabras sencillas pero poderosas: “Promover la igualdad, nada más.”

Con valentía, comparte su historia con quienes sienten que no encajan, que no se atreven a mostrarse tal como son.

“Si nunca se atreven a ser quienes son, la felicidad no se va a alcanzar por completo”, afirma.

Aunque su libertad física aún no llega, ya se siente libre en lo más importante: su identidad.

“Hoy soy feliz, hoy sonrío, hoy estoy bien. No importa que tenga este uniforme. Soy yo.”

Su mensaje trasciende cualquier muro: “Donde cabe uno, caben todos.”

Porque cuando una sociedad reconoce y respeta a todas las personas como son, lo que se abre no es solo una puerta, es la posibilidad real de construir una convivencia basada en la dignidad, el respeto y la libertad.

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