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Uno de cada 3 habitantes es menor de edad, según el INEGI; la demanda de servicios básicos para la niñez rebasa la realidad del municipio.
SAN MIGUEL DE ALLENDE.- Mientras la ciudad presume su imagen internacional y calles de postal, hay un dato que no se puede maquillar: la tercera parte de la población son menores de edad. Es decir, miles de niñas, niños y adolescentes que hoy crecen en un municipio que no necesariamente está creciendo para ellos.
De acuerdo con cifras del INEGI, la niñez y adolescencia representan un sector clave en la composición poblacional. Sin embargo, en la práctica, los servicios básicos no están alcanzando.
Escuelas con sobrecupo, espacios públicos limitados y condiciones urbanas que complican la movilidad segura son parte del día a día para muchas familias. En colonias periféricas, la realidad es más clara: ni suficientes áreas recreativas, ni infraestructura pensada para la infancia.
Porque mientras el discurso oficial habla de desarrollo, la pregunta es inevitable: ¿desarrollo para quién?
Y es que no se trata solo de cifras. Se trata de niñas y niños que todos los días salen con mochila al hombro, esquivando tráfico, falta de banquetas o espacios seguros para jugar. Se trata de adolescentes que crecen con pocas opciones de recreación, cultura o deporte en su entorno inmediato.
Especialistas en desarrollo urbano han señalado que cuando una ciudad crece sin planeación enfocada en la niñez, las consecuencias se reflejan a largo plazo en seguridad, educación y tejido social.
Hoy, San Miguel enfrenta ese reto:
tener una población joven en aumento… pero sin la infraestructura suficiente para sostenerla.
La realidad es contundente:
no basta con atraer turismo o inversión, si no se garantiza una ciudad digna para quienes están creciendo en ella.
Porque al final, el verdadero desarrollo no se mide en hoteles o eventos… se mide en cómo viven, y cómo crecen, sus niños.
