Con el regreso a las aulas vuelven las prisas por las mañanas, los desayunos de carrera y los refrigerios para la escuela. La rutina también puede ser una oportunidad para mejorar los hábitos de alimentación de niñas y niños.
REDACCIÓN NEWS SAN
newssanmiguel@gmail.com
Con el regreso a clases no sólo regresan las mochilas, los uniformes y las tareas. Para muchas familias también comienza nuevamente la carrera contra el reloj para preparar desayunos, loncheras y comidas antes de salir de casa.
Y aunque las prisas forman parte de la rutina, especialistas y organismos internacionales señalan que la infancia es una etapa clave para formar hábitos de alimentación que pueden mantenerse durante muchos años.
La recomendación no consiste en buscar una fórmula perfecta ni en convertir cada comida en un problema. La idea es mucho más sencilla: procurar variedad, equilibrio y diferentes opciones de alimentos de acuerdo con las necesidades de cada niña o niño.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha documentado que los lácteos forman parte de las recomendaciones alimentarias para la población infantil en distintos países.
¿Y la alimentación en México?
En México, las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles contemplan entre una y dos porciones diarias de lácteos mínimamente procesados para los niños en edad escolar, como leche, yogurt natural o queso.

El regreso a clases implica retomar rutinas y también puede ser una oportunidad para mejorar los hábitos de alimentación en casa.
Pero el punto no está en un solo alimento.
Durante el crecimiento, niñas y niños necesitan obtener nutrimentos de diferentes fuentes. Los lácteos pueden ser una alternativa dentro de esa variedad porque aportan, entre otros nutrimentos, calcio y proteínas.
Además, pueden incorporarse de manera sencilla a la alimentación cotidiana. Una taza de leche puede acompañarse con fruta o cereales; el yogurt natural puede combinarse con fruta, mientras que el queso puede utilizarse en diferentes preparaciones.
En pocas palabras, se trata de evitar que la alimentación escolar termine reducida a las mismas opciones todos los días.
¿Y qué pueden hacer las familias?
El regreso a clases puede ser un buen momento para revisar horarios y rutinas. Procurar que niñas y niños tengan opciones diferentes durante la semana, incluir distintos grupos de alimentos y fomentar el consumo de alimentos variados son acciones sencillas que pueden hacerse desde casa.
También es importante considerar que cada menor tiene necesidades diferentes, por lo que las cantidades y los alimentos pueden variar de acuerdo con su edad, actividad física y condiciones particulares.

El regreso a clases implica retomar rutinas y también puede ser una oportunidad para mejorar los hábitos de alimentación en casa.
La formación de hábitos tampoco ocurre de un día para otro. Lo que se come en casa, lo que se lleva a la escuela y hasta la manera en que los adultos hablan de los alimentos forman parte de ese aprendizaje.
Así que, mientras comienza un nuevo ciclo escolar, también puede ser buen momento para ordenar la rutina familiar: desayunar con mayor frecuencia, variar los alimentos y procurar que las prisas de la mañana no terminen definiendo por completo lo que comen los menores.
Porque el regreso a clases no sólo significa volver al salón. También es una nueva oportunidad para aprender hábitos que se quedan para toda la vida.
