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- El alcalde de San Miguel de Allende se tiró a matar contra sus exfuncionarios a los que no les puso nombre llamándolos “uñas largas”; pero el tiro le salió por la culata, ahora Jaime Labrada y Romina Hernández, sus excolaboradores que ni el nombre quiere pronunciar, lo acusan de tener “empresas fachada”, de ROBARSE LA ELECCIÓN y de ejercer violencia política y de género
SAN MIGUEL DE ALLENDE.- Todo estaba en calma… hasta que el alcalde de San Miguel de Allende, el michoacano Mauricio Trejo Pureco decidió abrir la boca.
En su clásico estilo “yo soy el bueno”, el alcalde de San Miguel de Allende echó gasolina al fuego y llamó “uñas largas” a excolaboradores de su administración, reviviendo viejos pleitos y, de paso, destapando otra olla de presión política.
El problema empezó cuando, en una Trejo Puerco se refirió a sus exfuncionarios como “uñas largas”, insinuando que habían abusado de sus cargos y un cúmulo de cosas más.
Primero fue Romina Hernández, la aún dirigente municipal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), elegida democráticamente por los militantes del partido y no por una dirigencia estatal debilitada, como la de Guanajuato, la no se quedaron callados y, a través de videos, le respondieron que el verdadero “uñas largas” era él, por crear empresas fachada y realizar operaciones simuladas para saquear el municipio.
Pero la jugada se le regresó como boomerang cuando Jaime Labrada, su ex tesorero, el hombre que se convirtió en el más Inhabilitado funcionario por cubrirle las espaldas y salvarlo de la cárcel, que fue el presidente del Consejo y terminó por replegarlo hasta renunciar por no aceptar construir un pozo con recursos públicos del organismo operador SAPASMA, dentro de la Hacienda Alcocer, comprada por los dueños de una EMPRESA FACHADA LLAMADA PALMESA, que no dudemos que pronto, esté a nombre de la familia del alcalde, del alcalde o de algún prestanombres de él.
🔥 El “lunes de furia”
Fuentes al interior del gobierno de San Miguel de Allende, asistentes a la tradicional junta de directores de los lunes comentaron, el alcalde explotó. Ahí, frente a sus directores de área, arremetió contra quienes “se le pusieron al brinco”. De Labrada apenas soltó una frase de resentimiento, pero con Romina se fue con todo.
Trejo lanzó comentarios misóginos, burlones y fuera de lugar, insinuando que la exdirectora, su ex colaboradora, “se había metido entre los ojos” a un político de Morena por lo que ahora se veía en varias partes con él, insinuando que su acercamiento político tenía “otras intenciones”.
Y como si no bastara, el edil dijo ante todos sus directores, que “con ayuda de dos diputadas de Morena que amigas de Ricardo Ferro”, les recalco, haría llegar “chismes” hasta Cinthia Teniente, esposa del senador Reyes y actual alcaldesa de Villagrán, para que sepa por qué su ex directora y actual dirigente del PRI en San Miguel de Allende, comparte tantas historias “con su marido”.
Sí, así de institucional el discurso del presidente municipal.

💥 Dos varas para medir
En la junta de directores, a Jaime Labrada no le inventó apodos, no le insinuó nada sobre su cuerpo ni lo atacó en público.
Pero con Romina, el alcalde fue hiriente, sexista y hasta vulgar. Las mujeres presentes, servidoras públicas del municipio, guardaron silencio o rieron nerviosamente. Nadie se atrevió a contradecirlo.
Así es la política del pureco: un grupo de directores que aplauden por obligación los chistes malos de quien les da la chamba y mujeres funcionarias que celebran su propia violencia institucional.
🐝 El avispero que él mismo azotó
Antes del episodio de las “uñas largas”, todo estaba en relativa paz. Nadie hablaba de los despedidos ni de los conflictos internos. Pero Trejo, fiel a su estilo de “morder al aire”, volvió a encender la polémica.
Ni las entrevistas a modo con Adela Micha, ni sus apariciones repentinas en radio, ni las conferencias improvisadas han logrado apagar el incendio que él mismo provocó. La crisis de credibilidad del alcalde se agrava, y ahora los excolaboradores —a los que él mismo trajo de vuelta al debate— parecen decididos a no callarse más.
El pureco quiso poner orden, pero terminó repartiendo fuego, misoginia y autogoles políticos. Y como en toda historia de poder, la voz más alta ya no es la que grita, sino la que se atreve a responder.